DEL “TODO IRÁ BIEN” AL “TODO ESTÁ BIEN”

Del "todo irá bien", al "todo está bien"

El título de este post puede parecer un simple juego de palabras, o un intrascendente cambio de verbo. Puede parecer que ambas expresiones vienen a ser lo mismo. Pero nada más lejos de la realidad. El significado y, sobre todo, el significado que suele darle quien pronuncia la frase, es radicalmente diferente.

La expresión todo irá bien, o todo va a salir bien, la oímos infinidad de veces, tanto en la vida real como en la ficción. Ante una dificultad, ante una situación amenazante, de peligro, de enfermedad, de tribulación, de sufrimiento, esas palabras se escapan automáticamente de nuestros labios, en un intento de aliviar al otro, en una proyección del deseo de que esa situación indeseable (para el otro y también para nosotros) a la que se está enfrentando sea superada o desaparezca. Y lo hacemos aunque sea absolutamente evidente que eso no va a ocurrir ni puede ocurrir, porque los hechos imponen otra verdad: las cosas no acabarán “bien” en el sentido que nosotros querríamos.

Que lo digamos como una frase hecha que sale sola en un momento agudo o inesperado tiene su lógica. Que lo digamos una y otra vez ante situaciones que no son agudas y en las que ya ha habido tiempo sobrado para calibrarlas, traduce algo más que un simple automatismo. En mi opinión hay una cierta infantilización del destinatario de la frase, al cual parece que se le quiere convencer de algo que a menudo es absurdo, hechos en mano. Eso, por ejemplo, lo hacemos mucho con los enfermos. Lo que tal vez no sabemos es que a la mayoría de ellos estos mensajes no les ayudan, sino que pueden sentir que no se toma en serio su enfermedad, o que a ellos mismos no se les toma en serio, pues parece que se le quite importancia a su dolencia.

Y puede argumentarse que el enfermo necesita que le den esperanza, pero la cuestión es si ese tipo de mensajes transmiten realmente esperanza, o solo el deseo de que ocurra lo improbable. ¿Y qué pasa si lo probable se impone? Condicionar el futuro “bien” a que las cosas sucedan como nosotros queremos es condenar y condenarnos demasiado a menudo a la decepción (y la desesperanza).

En cambio, cuando decimos que “todo está bien”, vamos mucho más allá. No pretendemos controlar los hechos, no condicionamos el futuro “bien” a que pase lo que deseamos, sino que estamos dispuestos a acoger lo que venga y lo que ya es, desde el convencimiento de que está y estará bien así, desde una visión más trascendente y espiritual de la vida. Esa perspectiva, en la que renunciamos al control (que nunca hemos tenido) y dejamos fluir la vida, en la que no contemplamos los acontecimientos desde una defensa a ultranza de lo más terrenal, tangible e inmediato, sino desde una mirada más global, multidimensional y no limitada al tiempo lineal, es la que permite disponerse a vivir con serenidad, desde la confianza de quien pone en manos del destino, del universo, de la vida, o de Dios, aquello que nos toque vivir.

Curiosamente, las personas que han experimentado una ECM (experiencia cercana a la muerte) y se han asomado al otro lado para después volver a la vida y poder explicarlo, es precisamente eso lo que han sentido, que todo estaba bien, y lo sentían desde la comprensión más profunda de que así era, una comprensión que perdieron al volver a su cuerpo físico, pero que no se les olvidó. Una comprensión que otorga un sentido y un porqué a todo, por mucho que aquí nos cause dolor y sufrimiento.

La vida no es ni ha de ser una pelea constante contra la propia vida. La resistencia nos hace sufrir mucho más a todos. Y la no aceptación de la realidad, también. Practicar y entrenar la idea de que “todo está bien”, aunque no sea lo que nos gustaría, aunque no lo entendamos, no nos convierte en ilusos, sino que nos puede ayudar a crecer como personas y a vivir más en paz con nosotros mismos, con los demás, y con la propia naturaleza. Y por supuesto, a ser más libres y vivir más felices.

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1 comentario en “DEL “TODO IRÁ BIEN” AL “TODO ESTÁ BIEN””

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