Reflexiones enfermedad y final de vida

CUALQUIER DÍA PUEDE SER EL DÍA

La muerte de peregrinos/as en el Camino de Santiago es algo que siempre me ha llamado la atención. Lejos de pensar que es una actividad peligrosa, lo cierto es que no fue el Camino el que provocó las muertes, sino que la muerte sorprendió a los peregrinos en el Camino. La vida, de la cual el Camino es una excelente analogía, no es planificable. La muerte no irrumpe, va con nosotros desde el nacimiento, y cualquier día puede ser el día.

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Recuperando el sentido común

Tras casi dos años de pandemia durante los cuales las decisiones y los comportamientos han estado dirigidos básicamente por el miedo y por la falta de sensatez de numerosas medidas impositivas, es la hora de recuperar el sentido común, situar la infección en su justo lugar, y acabar con los mensajes de permanente alarma que tanto daño han causado.

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La incomprendida gratuidad

La gratuidad que ejercen los voluntarios en sus diferentes tareas acompañando a personas que sufren y haciendo el mundo más humano es un acto de generosidad y de valentía, por mucho que la ciencia se empeñe en catalogarlo como un mero ejercicio de autosatisfacción.

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Dejar espacio a la bondad

En una sociedad en la que la bondad no está de moda, pese a lo cual impregna las acciones de infinidad de profesionales y familiares, sería deseable que el sistema facilitara su presencia y su acogida en vías de humanizar la atención de la salud.

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La confusión y la presencia

¿Qué es lo que más necesitan las personas que viven confundidas y no se comportan según nuestros esquemas de racionalidad? La presencia amorosa y compasiva de sus seres queridos. Justamente lo que se les niega.

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Daños colaterales

Las medidas que se están tomando frente a la pandemia están causando muchos daños colaterales en la población y generando gran cantidad de sufrimiento. La obsesión por salvar vidas está destruyendo mucha vida. Se hace necesario encontrar un equilibrio para evitar un desastre de proporciones inmensas del que en medio de las cifras de contagiados y de muertos no parece haber conciencia entre quienes toman las decisiones.

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A vueltas con el miedo

Prudencia y parálisis no son lo mismo. El miedo con el que nos abruman a todas horas está paralizando la vida. Será decisión de cada uno encomendarse a la prudencia y asumir algunos riesgos, o esperar en la cueva a la supuestamente salvadora vacuna. La vida no es ni ha sido nunca completamente segura. Proteger y protegerse, por respeto a los demás y a uno mismo, pero seguir viviendo.

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¿Qué salud queremos proteger?

Aunque ya hace mucho tiempo que sabemos que la salud no es solo cosa de biología, el sistema sigue imponiendo la integridad del cuerpo físico sobre todo lo demás, y el modo en que se ha respondido a la actual pandemia es toda una demostración. Relegar lo emocional y social a extremos nunca vistos está teniendo y tendrá importantes consecuencias en la salud de las personas.

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Redescubriendo la soledad del enfermo

Lo más cruel de esta pandemia es la soledad que impone a los que van a morir, un sufrimiento añadido para el enfermo, y para las familias. Pero esta soledad no es nueva, aunque ahora se está tomando conciencia forzosamente de lo que supone. Una gran oportunidad para aprender y cambiar nuestra actitud ante los enfermos avanzados.

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