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Te acompaño

Hay caminos difíciles que se recorren mejor en compañía que en soledad. El final de la vida, propio o de un ser querido, es uno de esos caminos. Si lo deseas, puedo acompañarte.

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Acompañar no es un verbo pasivo, es una actitud dinámica. Acompañar es mucho más que hacer compañía. Acompañar significa ponerse al lado del otro para recorrer junto a él su camino, el suyo. El objetivo del acompañamiento no es lograr resultado alguno, sino a través de la presencia, la escucha, el respeto y el diálogo honesto, posibilitar que se transforme la vivencia de ese camino en una experiencia diferente y de crecimiento, pese al sufrimiento y al miedo.

Cuando una enfermedad amenazante nos afecta a nosotros, o a un ser querido, tenemos por delante un difícil y doloroso camino por recorrer, en el cual es fácil experimentar cierta soledad. Desearíamos compartir lo que sentimos, lo que nos preocupa, lo que nos genera temor. A menudo nuestros familiares están demasiado implicados emocionalmente como para poder abrirnos a ellos, pues no queremos sobrecargarlos más. Y aunque los profesionales que nos atienden puedan tener una mirada que vaya más allá de los cuidados clínicos, puede que no dispongan del tiempo necesario, o que nosotros consideremos que necesitamos a alguien más, aunque sea por una cuestión de roles predefinidos.

Por todo ello, poder disponer de una persona que desde la experiencia y el conocimiento nos pueda acompañar a lo largo de ese complejo camino nos puede ser de gran ayuda. Y eso es lo que te ofrezco. Mi trayectoria profesional, con más de veinte años en el ámbito paliativo en muy diversas facetas, y la formación recibida en todos estos años, me permite poner mi experiencia a disposición de las personas que necesiten ser acompañadas ante un proceso de final de vida o de enfermedad avanzada, desde la presencia o desde la distancia, para poder compartir inquietudes, realizar preguntas, recibir orientación, ser acompañadas en su dimensión espiritual, y en definitiva sentir que además de los profesionales sanitarios hay alguien más que los acompaña en este difícil trayecto.

¿Qué beneficios puede tener el acompañamiento?

Para la persona enferma:

  • Poder hablar y expresarse libremente sin condicionantes emocionales ni de ninguna clase.
  • Compartir lo que le preocupa, lo que teme, lo que le angustia, lo que desearía hacer, lo que le daría esperanza.
  • Preguntar todo aquello que siente que no puede preguntar a sus seres queridos o a los profesionales que le atienden.
  • Sentir que no queda nada por decir.
  • Descubrir nuevas esperanzas.
  • Ordenar ideas y pensamientos, lo que puede facilitar un tránsito hacia una situación de mayor sosiego y aceptación.
  • Realizar un trabajo personal de crecimiento que sin una figura que acompañe puede resultar mucho más complejo.

Para los familiares o acompañantes:

  • Compartir sentimientos y pensamientos.
  • Comprender mejor lo que sucede en cada fase; por mi bagaje profesional tengo el conocimiento para poder explicarlo adecuadamente.
  • Plantear dudas y dilemas, muy habituales en estas situaciones.
  • Tener ayuda para poder discernir acerca de las alternativas.
  • Manifestarse libremente a nivel verbal o emocional.
  • Poder trabajar sobre las pérdidas que se van produciendo y así trabajar también el duelo anticipado.

¿Dónde y cómo se realiza el acompañamiento?

El acompañamiento se realiza mediante encuentros programados. La frecuencia la decide la persona acompañada, depende de su necesidad percibida, y por lo tanto el ritmo de visitas se adapta a la evolución de la situación (y a la disponibilidad).

Hay tres posibilidades, que pueden combinarse entre sí:

¿Cómo puedo informarme de las tarifas o solicitar el acompañamiento?

Cumplimenta y envía este formulario y me pondré en contacto contigo para ampliar la información y si lo decides concertar un primer encuentro en la modalidad que desees.

Formulario de consulta

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