Comportamientos humanos

Los seres humanos somos muy poco originales. Si echamos la mirada hacia atrás con un mínimo de humildad, comprobamos cómo ante hechos parecidos se reproducen los mismos comportamientos y las mismas actitudes, no importa cuántos años o incluso siglos hayan transcurrido. Seguramente en ello pensaba el gran Albert Camus cuando escribió La Peste, una novela de culto.


Como habrán hecho infinidad de lectores, he aprovechado la ocasión para volver a leerla en un contexto único para vivirla de un modo distinto. Y como no podía ser de otro modo, la lectura ha resultado de lo más ilustrativa. Destacaré brevemente algunos aspectos o pasajes de la narración.



Ante la pandemia


Resulta curioso, aunque no sorprendente, que el flujo de los acontecimientos tenga unas enormes similitudes, aunque la enfermedad en sus causas y en su curso clínico es muy diferente a la producida por el covid-19. Una sociedad centrada por un lado en la productividad y el consumo de lo material y por otro en el ocio y la diversión como fuentes de placer y bienestar ve interrumpido el orden establecido en sus vidas de modo inoportuno e inconveniente. De la incredulidad y escepticismo iniciales (esto no puede sucedernos a nosotros) se pasa al pánico más irreflexivo que lleva a comportamientos tan absurdos como egoístas (léase acaparamiento de lo más variopinto). De la resistencia a abandonar las costumbres establecidas se pasa al miedo que lo convierte todo en sospechoso. La débil estructura sobre la que supuestamente se sostienen muchas vidas se tambalea y se hace imprescindible buscar un sentido (o revisar el que ya se tiene) para seguir estando (y viviendo) sin sucumbir a la desesperanza.


Y en medio de todo ello, los hay que cumplen con lo que consideran su deber empujando a muchos otros a tomar conciencia de que esto es cosa de todos; los hay que se sacrifican, los hay que se encierran, los hay que niegan, los hay que tratan de huir, los hay que hacen negocio aprovechando la coyuntura y dando servicio al mismo tiempo, los hay que se enriquecen a costa del sufrimiento de otros, los hay que reflexionan a fondo sobre lo que es importante en su vida, los hay que solo esperan volver a su vida anterior sin más…



Citando a Camus


Podemos empecinarnos en buscar explicaciones terrenales o celestiales que devuelvan la seguridad perdida, o podemos simplemente tratar de aprender algo desde la humildad que tan extraña nos resulta.


No hay que intentar explicarse el espectáculo de la peste, sino intentar aprender de ella lo que se puede aprender.*


Podemos interpretar la pandemia como un desagradable paréntesis en el curso de nuestra vida, o podemos aceptar que forma parte de nuestra vida, la cual no se compone solo de lo que nos place o planificamos.


            ¿Qué quiere decir la peste? Es la vida y nada más.*


Podemos, o no, dejarnos impregnar por el dichoso lenguaje bélico que convierte en derrotados a los fallecidos y a los profesionales que intentaron con todas sus fuerzas salvarles la vida.


—Sí —asintió Tarrou—, puedo comprenderlo. Pero las victorias de usted serán siempre provisionales, eso es todo. Rieux pareció ponerse sombrío. —Siempre, ya lo sé. Pero eso no es una razón para dejar de luchar. —No, no es una razón. Pero me imagino, entonces, lo que debe ser esta peste para usted. —Sí —dijo Rieux—, una interminable derrota.*


Y podemos, o no, permitir que todo lo que da sentido y color a nuestras vidas quede secuestrado indefinidamente por la lucha frente la pandemia y sus normas, miedos y prohibiciones.


Después de todo, es demasiado tonto no vivir más que en la peste. Es evidente que un hombre tiene que batirse por las víctimas. Pero si por eso deja de amar todo lo demás, ¿de qué sirve que se bata?*


Y, por último, antes de repetir mecánicamente eso de la vuelta a la normalidad o a la nueva normalidad, podríamos pensar un poco a qué queremos volver y a qué no, y tomar nuestras propias decisiones sin dejar que otros (o unas circunstancias que no nos atrevemos a cambiar) las tomen por nosotros.


¿A qué llama usted la vuelta a una vida normal?… Quería saber si podía esperar que la peste no cambiase nada en la ciudad y que todo recomenzase como antes, es decir, como si no hubiera pasado nada.*


De cada uno de nosotros depende que todo termine un día como si no hubiera pasado nada.


(*) Fragmentos de “La peste”, de Albert Camus.

Los seres humanos somos muy poco originales. Si echamos la mirada hacia atrás con un mínimo de humildad, comprobamos cómo ante hechos parecidos se reproducen los mismos comportamientos y las mismas actitudes, no importa cuántos años o incluso siglos hayan transcurrido. Seguramente en ello pensaba el gran Albert Camus cuando escribió La Peste, una novela de culto.


Como habrán hecho infinidad de lectores, he aprovechado la ocasión para volver a leerla en un contexto único para vivirla de un modo distinto. Y como no podía ser de otro modo, la lectura ha resultado de lo más ilustrativa. Destacaré brevemente algunos aspectos o pasajes de la narración.



Ante la pandemia


Resulta curioso, aunque no sorprendente, que el flujo de los acontecimientos tenga unas enormes similitudes, aunque la enfermedad en sus causas y en su curso clínico es muy diferente a la producida por el covid-19. Una sociedad centrada por un lado en la productividad y el consumo de lo material y por otro en el ocio y la diversión como fuentes de placer y bienestar ve interrumpido el orden establecido en sus vidas de modo inoportuno e inconveniente. De la incredulidad y escepticismo iniciales (esto no puede sucedernos a nosotros) se pasa al pánico más irreflexivo que lleva a comportamientos tan absurdos como egoístas (léase acaparamiento de lo más variopinto). De la resistencia a abandonar las costumbres establecidas se pasa al miedo que lo convierte todo en sospechoso. La débil estructura sobre la que supuestamente se sostienen muchas vidas se tambalea y se hace imprescindible buscar un sentido (o revisar el que ya se tiene) para seguir estando (y viviendo) sin sucumbir a la desesperanza.


Y en medio de todo ello, los hay que cumplen con lo que consideran su deber empujando a muchos otros a tomar conciencia de que esto es cosa de todos; los hay que se sacrifican, los hay que se encierran, los hay que niegan, los hay que tratan de huir, los hay que hacen negocio aprovechando la coyuntura y dando servicio al mismo tiempo, los hay que se enriquecen a costa del sufrimiento de otros, los hay que reflexionan a fondo sobre lo que es importante en su vida, los hay que solo esperan volver a su vida anterior sin más…



Citando a Camus


Podemos empecinarnos en buscar explicaciones terrenales o celestiales que devuelvan la seguridad perdida, o podemos simplemente tratar de aprender algo desde la humildad que tan extraña nos resulta.


No hay que intentar explicarse el espectáculo de la peste, sino intentar aprender de ella lo que se puede aprender.*


Podemos interpretar la pandemia como un desagradable paréntesis en el curso de nuestra vida, o podemos aceptar que forma parte de nuestra vida, la cual no se compone solo de lo que nos place o planificamos.


            ¿Qué quiere decir la peste? Es la vida y nada más.*


Podemos, o no, dejarnos impregnar por el dichoso lenguaje bélico que convierte en derrotados a los fallecidos y a los profesionales que intentaron con todas sus fuerzas salvarles la vida.


—Sí —asintió Tarrou—, puedo comprenderlo. Pero las victorias de usted serán siempre provisionales, eso es todo. Rieux pareció ponerse sombrío. —Siempre, ya lo sé. Pero eso no es una razón para dejar de luchar. —No, no es una razón. Pero me imagino, entonces, lo que debe ser esta peste para usted. —Sí —dijo Rieux—, una interminable derrota.*


Y podemos, o no, permitir que todo lo que da sentido y color a nuestras vidas quede secuestrado indefinidamente por la lucha frente la pandemia y sus normas, miedos y prohibiciones.


Después de todo, es demasiado tonto no vivir más que en la peste. Es evidente que un hombre tiene que batirse por las víctimas. Pero si por eso deja de amar todo lo demás, ¿de qué sirve que se bata?*


Y, por último, antes de repetir mecánicamente eso de la vuelta a la normalidad o a la nueva normalidad, podríamos pensar un poco a qué queremos volver y a qué no, y tomar nuestras propias decisiones sin dejar que otros (o unas circunstancias que no nos atrevemos a cambiar) las tomen por nosotros.


¿A qué llama usted la vuelta a una vida normal?… Quería saber si podía esperar que la peste no cambiase nada en la ciudad y que todo recomenzase como antes, es decir, como si no hubiera pasado nada.*


De cada uno de nosotros depende que todo termine un día como si no hubiera pasado nada.


(*) Fragmentos de “La peste”, de Albert Camus.

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  1. Me gusta la reflexión sobre que no todo es la epidemia; que se desee recordar todo lo demás, sobre todo lo bueno, que también existe. Porque si no, la peste es un globo que se hincha dentro de nosotros y no deja lugar a nada más.
    Interesante lo de que la epidemia también es la vida, ¿Lo aceptamos?
    Y lo del final: el mensaje de que no permitamos que la realidad que venga sea impuesta del todo, que no nos dejemos, vaya.

  2. Todos llevamos un poquito de peste en nuestras vidas, sean llamados…errores, aprendizajes, rencores, egos, etc., por ello creo, que por muchos años que pasen…nuestro condicionamiento cómo seres humanos a la hora de actuar, y cambiar el chip, autómaticamente es éste, lo más fácil¡¡¡¡ la diferencia, están en las personas, que intentamos trascender e intentar evolucionar constructivamente ,después de una sacudida cómo la pandemia actual, en hacer brillar nuestros valores y calidad humana, para que el sentido de la VIDA, se ésto mismo…..VIVIR¡¡¡¡

    Muchisimas gracias J. Carlos, muy buena reflexión para debatir¡¡

    Saludos¡¡¡¡¡

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