SALUD Y RESPONSABILIDAD

Si en el campo de la educación podemos decidir lo que hay que saber (e imponerlo) o podemos enseñar a pensar y a decidir por uno mismo, algo parecido sucede en el campo de la salud, podemos imponer un modelo de salud desde la visión que tiene el sistema y someter a los ciudadanos a sus parámetros, o podemos asumir individualmente la responsabilidad de nuestra salud y discernir, desde nuestra visión, qué nos conviene en cada momento.

 

Si una persona se siente más cómoda poniéndose bajo el ala protectora del sistema y de los profesionales que lo representan y prefiere acatar lo que le dicen (sin cuestionarlo) a tener que decidir por sí misma, es muy libre de hacerlo, y es por otra parte un fenómeno muy habitual, en salud y en cualquier otro ámbito, someterse voluntariamente (o hacerlo de forma inconsciente) para ganar sensación de seguridad y de pertenencia al grupo.

 

La cuestión es que si una persona tiene una visión de su salud y de cómo cuidar su salud distinta de la que tiene el sistema, debería igualmente gozar de la misma libertad. Ya a mitad del siglo XIX un pensador como John Stuart Mill, en su célebre ensayo Sobre la libertad, ponía sobre la mesa avanzándose en el tiempo el derecho de cada uno a cuidar de su salud con amplitud de miras:


 

Cada uno es el guardián natural de su propia salud, sea física, mental o espiritual. La humanidad sale ganando más si consiente a cada cual vivir a su manera que obligándolo a vivir a la manera de los demás.

 


Pero no es así. El sistema, con el miedo por bandera (aunque sea de forma encubierta), decide lo que está bien y está mal y punto. Sin embargo, los ciudadanos seguimos siendo libres para pensar por nosotros mismos y en la medida de lo posible decidir por nosotros mismos. Lo que sucede es que no es nada sencillo, y en materia de salud lo es mucho menos.

No decidir desde el miedo. Ese es el gran reto. Lo que significa asumir un grado soportable de incertidumbre. Cuando no decido desde el miedo sino desde mi forma de ver la vida, tras hacer mi propio proceso de reflexión para dilucidar cuál es mi visión, es cuando puedo ser capaz de actuar en coherencia conmigo mismo, sostener las decisiones a pesar del ruido exterior, y ser más libre, porque no estaré condicionado por patrones de conducta que en realidad no son míos, sino que me son administrados o impuestos.

 

Si yo asumo que mi salud no es, en absoluto, solo biológica, si yo asumo que mi salud está integrada (como mi persona) por un conjunto de dimensiones y de variables de las que la biológica o física no es más que una de ellas, entonces por pura lógica deberé cuidarme y tomar decisiones desde esa visión que amplía la perspectiva. Y cuando lo hacemos, las decisiones han de ser necesariamente otras, porque entre otras cosas también varían los objetivos. Si mi objetivo es cumplir con aquello que estadísticamente se supone que me va a permitir vivir más, haré unas cosas y acataré unas normas, tanto si me gustan como si no. Si mi objetivo es sentirme bien o lo mejor posible, desde una perspectiva que incluya todo mi ser, probablemente mi orden de prioridades sea otro, y en cualquier caso seré yo quien ordenará esas prioridades en función de mis circunstancias vitales del momento.

 

Cuidar de nuestra salud sin hacerlo desde el temor ni desde la obligación (que nos imponen o que nos autoimponemos) sino desde una coherencia interna que comprende que tan importante es cuidar de nuestro cuerpo como lo es llevar una vida social y emocional saludable y tener unas raíces espirituales que nos anclen a la vida no es tarea fácil, estamos poco acostumbrados, y la presión del entorno en sentido contrario es notable. Por ello es importante pararse, pensar en ello, reflexionar acerca de nuestro concepto de salud e integrarlo en nuestro proyecto de vida, y así ir adquiriendo una mayor conciencia de responsabilidad sobre nuestra salud y sobre las decisiones que tomamos acerca de ella, siempre y cuando queramos hacerlo así.

 

Es este un tema sobre el que he escrito y reflexionado mucho. Cuidar de la propia salud desde la responsabilidad es un modo de ejercer la libertad humana y sentir esa libertad con todas sus consecuencias. Hace tiempo que quería poner en marcha alguna actividad formativa para poderlo trabajar en grupo y tratar de ayudar en ese proceso de toma de conciencia y de aprendizaje necesario para avanzar hacia un equilibrio que nos ha de proporcionar un mayor bienestar y una mayor satisfacción porque estaremos siendo coherentes con nosotros mismos. Y eso es lo que haremos en el curso presencial La salud más allá de la revisión médica que realizaremos los días 7 y 8 de mayo (en Barcelona), un curso pensado para aprender a no separar el cuidado de nuestra salud de nuestra vida con sus valores y prioridades.

 

Cuidémonos para estar bien y sentirnos bien, en lugar de hacerlo para no estar mal. No sé si viviremos más, pero probablemente seremos más felices.

Si en el campo de la educación podemos decidir lo que hay que saber (e imponerlo) o podemos enseñar a pensar y a decidir por uno mismo, algo parecido sucede en el campo de la salud, podemos imponer un modelo de salud desde la visión que tiene el sistema y someter a los ciudadanos a sus parámetros, o podemos asumir individualmente la responsabilidad de nuestra salud y discernir, desde nuestra visión, qué nos conviene en cada momento.

 

Si una persona se siente más cómoda poniéndose bajo el ala protectora del sistema y de los profesionales que lo representan y prefiere acatar lo que le dicen (sin cuestionarlo) a tener que decidir por sí misma, es muy libre de hacerlo, y es por otra parte un fenómeno muy habitual, en salud y en cualquier otro ámbito, someterse voluntariamente (o hacerlo de forma inconsciente) para ganar sensación de seguridad y de pertenencia al grupo.

 

La cuestión es que si una persona tiene una visión de su salud y de cómo cuidar su salud distinta de la que tiene el sistema, debería igualmente gozar de la misma libertad. Ya a mitad del siglo XIX un pensador como John Stuart Mill, en su célebre ensayo Sobre la libertad, ponía sobre la mesa avanzándose en el tiempo el derecho de cada uno a cuidar de su salud con amplitud de miras:


 

Cada uno es el guardián natural de su propia salud, sea física, mental o espiritual. La humanidad sale ganando más si consiente a cada cual vivir a su manera que obligándolo a vivir a la manera de los demás.

 


Pero no es así. El sistema, con el miedo por bandera (aunque sea de forma encubierta), decide lo que está bien y está mal y punto. Sin embargo, los ciudadanos seguimos siendo libres para pensar por nosotros mismos y en la medida de lo posible decidir por nosotros mismos. Lo que sucede es que no es nada sencillo, y en materia de salud lo es mucho menos.

No decidir desde el miedo. Ese es el gran reto. Lo que significa asumir un grado soportable de incertidumbre. Cuando no decido desde el miedo sino desde mi forma de ver la vida, tras hacer mi propio proceso de reflexión para dilucidar cuál es mi visión, es cuando puedo ser capaz de actuar en coherencia conmigo mismo, sostener las decisiones a pesar del ruido exterior, y ser más libre, porque no estaré condicionado por patrones de conducta que en realidad no son míos, sino que me son administrados o impuestos.

 

Si yo asumo que mi salud no es, en absoluto, solo biológica, si yo asumo que mi salud está integrada (como mi persona) por un conjunto de dimensiones y de variables de las que la biológica o física no es más que una de ellas, entonces por pura lógica deberé cuidarme y tomar decisiones desde esa visión que amplía la perspectiva. Y cuando lo hacemos, las decisiones han de ser necesariamente otras, porque entre otras cosas también varían los objetivos. Si mi objetivo es cumplir con aquello que estadísticamente se supone que me va a permitir vivir más, haré unas cosas y acataré unas normas, tanto si me gustan como si no. Si mi objetivo es sentirme bien o lo mejor posible, desde una perspectiva que incluya todo mi ser, probablemente mi orden de prioridades sea otro, y en cualquier caso seré yo quien ordenará esas prioridades en función de mis circunstancias vitales del momento.

 

Cuidar de nuestra salud sin hacerlo desde el temor ni desde la obligación (que nos imponen o que nos autoimponemos) sino desde una coherencia interna que comprende que tan importante es cuidar de nuestro cuerpo como lo es llevar una vida social y emocional saludable y tener unas raíces espirituales que nos anclen a la vida no es tarea fácil, estamos poco acostumbrados, y la presión del entorno en sentido contrario es notable. Por ello es importante pararse, pensar en ello, reflexionar acerca de nuestro concepto de salud e integrarlo en nuestro proyecto de vida, y así ir adquiriendo una mayor conciencia de responsabilidad sobre nuestra salud y sobre las decisiones que tomamos acerca de ella, siempre y cuando queramos hacerlo así.

 

Es este un tema sobre el que he escrito y reflexionado mucho. Cuidar de la propia salud desde la responsabilidad es un modo de ejercer la libertad humana y sentir esa libertad con todas sus consecuencias. Hace tiempo que quería poner en marcha alguna actividad formativa para poderlo trabajar en grupo y tratar de ayudar en ese proceso de toma de conciencia y de aprendizaje necesario para avanzar hacia un equilibrio que nos ha de proporcionar un mayor bienestar y una mayor satisfacción porque estaremos siendo coherentes con nosotros mismos. Y eso es lo que haremos en el curso presencial La salud más allá de la revisión médica que realizaremos los días 7 y 8 de mayo (en Barcelona), un curso pensado para aprender a no separar el cuidado de nuestra salud de nuestra vida con sus valores y prioridades.

 

Cuidémonos para estar bien y sentirnos bien, en lugar de hacerlo para no estar mal. No sé si viviremos más, pero probablemente seremos más felices.

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1 comentario

  1. Hola J. Carlos, buena formación importante conocer nuestra propia salud.
    No podré asistir , estaré fuera de Barcelona.
    Gracias

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