Un baño de humanidad

El pasado viernes la librería ALIBRI en Barcelona nos acogió para presentar formalmente en sociedad un libro muy especial. Más de cien valientes se congregaron para abarrotar la sala y arropar a una pareja fuera de lo común en un acto que iba a ser de alto voltaje emocional.

Familiares, amigos y personas vinculadas de uno u otro modo a los que estábamos en la mesa y a la Fundación Paliaclinic quisieron estar presentes en la culminación de un sueño, el que Montse y Edu denominan el somni Maria.


Lo de valientes no es retórica. No todo el mundo se atreve a sentarse a escuchar a unos padres que perdieron a su hija pequeña. Pero ahí estaban, la mayoría sentados, y no pocos en pie al fondo de la sala, exhibiendo algo de un valor extraordinario: presencia.


Ellos dos estaban nerviosos, había llegado el día esperado, y aquel proyecto del que tanto habíamos hablado y que ellos vislumbraban con absoluta claridad y con el convencimiento de que se haría realidad de un modo u otro ya era un hecho a todas luces. Ahora ambos iban a exponerse ante los asistentes, como lo habían hecho durante la redacción del libro. Y vaya si lo hicieron, y cómo lo hicieron.


Tras la cálida presentación de Andrea Vinyamata, y tras un breve parlamento introductorio por mi parte, a partir de las preguntas que les fui haciendo fueron desvelando su experiencia, y su proceso de transformación, con naturalidad, con serenidad, demostrando que tal como reza el título del libro hay vida más allá de la muerte de un hijo, por dura, dolorosa y devastadora que resulte una pérdida así. Su testimonio fue percutiendo silenciosamente en los asistentes de los que una mezcla de emoción, admiración y estupefacción se fue apoderando para no soltarles seguramente en horas o días. Desde mi puesto privilegiado veía caras atentas, atrapadas, llorosas, emocionadas, en medio de una respetuosa y entregada escucha.


Las intervenciones en el turno de preguntas final liberaron algunos de esos sentimientos. Una adolescente (sobrina de Montse) que lo había vivido todo en primera línea tuvo el coraje de pedir la palabra y manifestar con voz entrecortada por el llanto la gran admiración que había sentido y sentía por ellos. Otra persona decía que desearía permanecer en aquella sala durante mucho más tiempo. Alguien diría más tarde que el tiempo se había detenido durante una hora. Había mensajes de agradecimiento a la oportunidad de compartir un acto tan mágico. Ha sido un baño de humanidad y de amor, decía otra persona. Y sí, así fue, digna culminación de toda la generosidad, valentía y amor a raudales que Montse y Edu han derrochado para poder atravesar su desierto particular, las mismas virtudes que les permitieron la tarde del viernes llegar a los corazones de todos.


Decía Kafka que un libro debería ser como el hacha que rompa el mar helado en nuestro interior. Creo modestamente que el libro que ayer presentamos es uno de esos libros. Porque sacude e interpela al lector, pero no porque ellos relaten su historia y expliquen sus vivencias, sino porque las páginas actúan como un espejo que hace que quien lee, si abre su mente lo suficiente, conecte consigo mismo, con lo que es y con lo que está haciendo con su vida, y eso va mucho más allá de la compasión hacia unos padres que han perdido a su hija de dos años.


Es un libro escrito desde muy adentro, desde el fondo de dos almas heridas que han podido sanar, aunque no se desprenderán nunca de la añoranza de Maria, y por eso también pueden conectar directamente con otras almas heridas que encontrarán en el texto algo que no puede ofrecerles el mejor de los manuales escritos por el mejor de los expertos. 


Y además nos enseña algo de lo que sabemos poco, como es estar al lado de quienes han sufrido una gran pérdida. Nos cuesta acompañar el duelo, y es un aprendizaje que no todos se muestran dispuestos a hacer. Pero debemos ser conscientes de que, tal como ellos nos explican, no se espera de nosotros ni palabras milagrosamente consoladoras ni que resolvamos nada, sino sencillamente que estemos a su lado abiertos a lo que puedan necesitar, sea compañía, sea silencio, sea distracción, sea llorar. Lo importante es que los miremos y reconozcamos como personas en su dolor, aunque nos duela. Eso también es ser valiente.

El pasado viernes la librería ALIBRI en Barcelona nos acogió para presentar formalmente en sociedad un libro muy especial. Más de cien valientes se congregaron para abarrotar la sala y arropar a una pareja fuera de lo común en un acto que iba a ser de alto voltaje emocional.

Familiares, amigos y personas vinculadas de uno u otro modo a los que estábamos en la mesa y a la Fundación Paliaclinic quisieron estar presentes en la culminación de un sueño, el que Montse y Edu denominan el somni Maria.


Lo de valientes no es retórica. No todo el mundo se atreve a sentarse a escuchar a unos padres que perdieron a su hija pequeña. Pero ahí estaban, la mayoría sentados, y no pocos en pie al fondo de la sala, exhibiendo algo de un valor extraordinario: presencia.


Ellos dos estaban nerviosos, había llegado el día esperado, y aquel proyecto del que tanto habíamos hablado y que ellos vislumbraban con absoluta claridad y con el convencimiento de que se haría realidad de un modo u otro ya era un hecho a todas luces. Ahora ambos iban a exponerse ante los asistentes, como lo habían hecho durante la redacción del libro. Y vaya si lo hicieron, y cómo lo hicieron.


Tras la cálida presentación de Andrea Vinyamata, y tras un breve parlamento introductorio por mi parte, a partir de las preguntas que les fui haciendo fueron desvelando su experiencia, y su proceso de transformación, con naturalidad, con serenidad, demostrando que tal como reza el título del libro hay vida más allá de la muerte de un hijo, por dura, dolorosa y devastadora que resulte una pérdida así. Su testimonio fue percutiendo silenciosamente en los asistentes de los que una mezcla de emoción, admiración y estupefacción se fue apoderando para no soltarles seguramente en horas o días. Desde mi puesto privilegiado veía caras atentas, atrapadas, llorosas, emocionadas, en medio de una respetuosa y entregada escucha.


Las intervenciones en el turno de preguntas final liberaron algunos de esos sentimientos. Una adolescente (sobrina de Montse) que lo había vivido todo en primera línea tuvo el coraje de pedir la palabra y manifestar con voz entrecortada por el llanto la gran admiración que había sentido y sentía por ellos. Otra persona decía que desearía permanecer en aquella sala durante mucho más tiempo. Alguien diría más tarde que el tiempo se había detenido durante una hora. Había mensajes de agradecimiento a la oportunidad de compartir un acto tan mágico. Ha sido un baño de humanidad y de amor, decía otra persona. Y sí, así fue, digna culminación de toda la generosidad, valentía y amor a raudales que Montse y Edu han derrochado para poder atravesar su desierto particular, las mismas virtudes que les permitieron la tarde del viernes llegar a los corazones de todos.


Decía Kafka que un libro debería ser como el hacha que rompa el mar helado en nuestro interior. Creo modestamente que el libro que ayer presentamos es uno de esos libros. Porque sacude e interpela al lector, pero no porque ellos relaten su historia y expliquen sus vivencias, sino porque las páginas actúan como un espejo que hace que quien lee, si abre su mente lo suficiente, conecte consigo mismo, con lo que es y con lo que está haciendo con su vida, y eso va mucho más allá de la compasión hacia unos padres que han perdido a su hija de dos años.


Es un libro escrito desde muy adentro, desde el fondo de dos almas heridas que han podido sanar, aunque no se desprenderán nunca de la añoranza de Maria, y por eso también pueden conectar directamente con otras almas heridas que encontrarán en el texto algo que no puede ofrecerles el mejor de los manuales escritos por el mejor de los expertos. 


Y además nos enseña algo de lo que sabemos poco, como es estar al lado de quienes han sufrido una gran pérdida. Nos cuesta acompañar el duelo, y es un aprendizaje que no todos se muestran dispuestos a hacer. Pero debemos ser conscientes de que, tal como ellos nos explican, no se espera de nosotros ni palabras milagrosamente consoladoras ni que resolvamos nada, sino sencillamente que estemos a su lado abiertos a lo que puedan necesitar, sea compañía, sea silencio, sea distracción, sea llorar. Lo importante es que los miremos y reconozcamos como personas en su dolor, aunque nos duela. Eso también es ser valiente.

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  1. Una tarde mágica la que nos regalaron Montse y Edu el pasado viernes. Está claro que la vida solo se aprende viviéndola, pero compartir una experiencia como la de ellos solo puede ser producto de una reflexión previa compartida, de un acuerdo tácito de respeto y generosidad hacia los demás y de un acto de amor.
    Este libro traspasa todas las líneas que el ser humano no se atreve a trastapasar a solas por la dureza que supone enfrentarse a la muerte y a integrarla como parte de la vida…
    Gracias Andrea, como dice Juan Carlos por tu delicada presentación.
    Gracias Juan Carlos por ser como eres y por ser el motor que mueve el engranaje de la Fundación para dar soporte a las personas que están llegando al final de su vida y a las personas de su entorno…
    Morir viviendo….!

  2. Si que fue una tarde mágica y un auténtico regalo ser testigo de tanta valentía y de tanto AMOR concentrado en una pequeña librería de Barcelona.
    Gracias Edu, Montse, Juan Carlos, Andrea, Jordi, Iñaki, y a todos los que han hecho posible el #somnimaria…

  3. Juan Carlos, no pude asistir a la presentación pero tus palabras me han transportado a aquel espacio. Celebro que hubiera tanta calidez como dices, no os merecíais otra cosa. Muchas gracias por tu labor y enhorabuena a esos padres que han dado tanta luz a algo tan doloroso como debe ser la muerte de un hijo.

  4. Sinceramente pocos eventos nos han calado tan fondo.

    El ambiente que se respiró fue algo tan especial que nos llenó de amor y esperanza quedándonos un poso de humanidad, como bien dice el Dr. Trallero fue “un baño de humanidad”

    Gracias a Montse y Edu por vuestro testimonio, no sabéis cuanto os admiramos, sois un ejemplo a seguir.

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