La novela que se convirtió en histórica mientras se imprimía

Pensé escribir esta novela (El Filósofo y el Médico) hace algo más de dos años. Me pareció interesante aportar visión y conocimiento, desde mi dilatada experiencia como médico de cuidados paliativos, acerca de lo que puede suceder cuando una persona llega al final de su vida y quiere decidir el cómo y el cuándo. El debate sobre la eutanasia estaba en la calle y existía la posibilidad de que un gobierno lo abordara en forma de nueva ley en un futuro no lejano. Yo deseaba adelantarme a esa hipotética circunstancia.


Con lo que no contaba era con la aceleración de los acontecimientos y con que, mientras el país y el mundo entero sucumbían a las consecuencias de la pandemia, las prioridades políticas iban a ir por otros derroteros y aprobarían la ley aprovechando su pactada mayoría parlamentaria.


La novela la empecé a escribir en 2018, pero la interrumpí para encarar otro proyecto a propuesta de la Fundación 38 grados, Historias con alas. La reanudé en 2019 pensando que la ley tardaría más tiempo en aprobarse porque el tema era muy complejo y debería exigir verdadero debate, pero no ha sido así. De modo que el contexto en el que transcurre la acción ha pasado de un plumazo a ser histórico al modificarse el marco legal.


Sin embargo, eso no impide que al lector le pueda resultar útil e instructivo (y, por qué no, emotivo) acompañar a los personajes en sus pensamientos, sus dudas, sus reflexiones, sus discusiones, y sus decisiones, para así comprender mejor lo que puede ocurrir cuando se da una situación como la que se explica.


Independientemente de lo que digan las leyes, todos deberíamos ser capaces de adquirir nuestras propias ideas y meditar en serio sobre lo que realmente desearíamos cuando llegue nuestro final, y hacerlo no desde la pasión y las ideologías, sino desde el fondo de nuestro corazón. Ahí es donde está nuestra verdad.

Pensé escribir esta novela (El Filósofo y el Médico) hace algo más de dos años. Me pareció interesante aportar visión y conocimiento, desde mi dilatada experiencia como médico de cuidados paliativos, acerca de lo que puede suceder cuando una persona llega al final de su vida y quiere decidir el cómo y el cuándo. El debate sobre la eutanasia estaba en la calle y existía la posibilidad de que un gobierno lo abordara en forma de nueva ley en un futuro no lejano. Yo deseaba adelantarme a esa hipotética circunstancia.


Con lo que no contaba era con la aceleración de los acontecimientos y con que, mientras el país y el mundo entero sucumbían a las consecuencias de la pandemia, las prioridades políticas iban a ir por otros derroteros y aprobarían la ley aprovechando su pactada mayoría parlamentaria.


La novela la empecé a escribir en 2018, pero la interrumpí para encarar otro proyecto a propuesta de la Fundación 38 grados, Historias con alas. La reanudé en 2019 pensando que la ley tardaría más tiempo en aprobarse porque el tema era muy complejo y debería exigir verdadero debate, pero no ha sido así. De modo que el contexto en el que transcurre la acción ha pasado de un plumazo a ser histórico al modificarse el marco legal.


Sin embargo, eso no impide que al lector le pueda resultar útil e instructivo (y, por qué no, emotivo) acompañar a los personajes en sus pensamientos, sus dudas, sus reflexiones, sus discusiones, y sus decisiones, para así comprender mejor lo que puede ocurrir cuando se da una situación como la que se explica.


Independientemente de lo que digan las leyes, todos deberíamos ser capaces de adquirir nuestras propias ideas y meditar en serio sobre lo que realmente desearíamos cuando llegue nuestro final, y hacerlo no desde la pasión y las ideologías, sino desde el fondo de nuestro corazón. Ahí es donde está nuestra verdad.

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